Patrimonio ferroviario de Chile

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La comunicación terrestre del territorio nacional tuvo sus inicios con los pueblos originarios precolombinos quienes deambularon y ocuparon diversos paisajes, que, de acuerdo a su geografía física posibilitaron la accesibilidad a sectores que estaban comprendidos en esa multiplicidad de  escenarios. En este sentido,  debe indicarse que  el poblamiento en la costa no solo fue del norte, sino también, del sur austral del país. Por otra parte, en relación, a la conectividad de oeste a este y viceversa, las dificultades de la morfología accidentada refrenaba una continuidad expedita y solo el esfuerzo, habilidad y experiencia permitieron a los seres humanos establecer un modelo de tránsito que se manifestó a través de senderos que en muchos de ellos  y cada ciertos tramos, se dejaban signos acerca de su uso y así asomaron petroglifos u otras marcas propias del saber, creencias  y cosmovisión de estos pretéritos viajeros.

 

Transcurrido los milenios y con la llegada de los Incas, se fue construyendo una red de vías de penetración no solo en Chile, sino también, en otros dominios del imperios incaico. De esta forma,el también llamado Qhapac Ñan (Camino del Inca) alcanzoa cubrir hasta 30 mil kilómetros de vías que se localizaron y emplazaron en  los actuales países de: Perú, Ecuador y parte de Bolivia, Chile, Argentina y Colombia estableciéndose  una expedita y  adecuada travesía que permitía  vincular la capital imperial (Cuzco) con todas sus posesiones de soberanía. En el caso de nuestro país, esta arteriatuvo importancia relevante dado que fue una de las rutas que no solo usaron los incas sino también  el conquistador español en su desplazamiento al sur del Perú.

 

Posteriormente, entre los siglos XVI y mediados del XIX, las vías no tuvieron mayores cambios en cuanto a su composición, pero si en el trazado ya que paulatinamente el avance al sur o norte principalmente tuvo si bien tuvo enlaces oceánicos y terrestres,sus recorridos era esporádicos debido a las condiciones del tiempo que los hacían intransitables, o bien, y hacia el austro interrupciones propias  del desenlace de  la Guerra de Arauco. En relación a la extensión y localización de estas vías,  se ubicaban de preferencia en Chile Central.

 

Entrado el decimonónico después  la Independencia y la  constitución del Estado soberano empezó a rondar la idea de establecer una nueva alternativa que permitiese el transporte masivo y rápido de personas, bienes y servicios y, de esta manera, en 1851, se construyó la primera línea de ferrocarril (Copiapó a Caldera, 41 kilómetros de extensión) la cual y en palabras de María Alliendes (1993) sobre el tren…“Su introducción en Chile se remonta a los tiempos heroicos en que las locomotoras a vapor daban sus primeros pasos en el mundo y luchaban todavía con calesas y diligencias. Nuestro país será uno de los pioneros en el sur del continente americano.

 

Sin embargo, lo vivido en Atacama, no fue un suceso aislado, ya que el interés por parte del Estado de conectar otras localidades determinó, según la misma investigadora que en Chile sé propiciara y asentara…“una de las mayores empresas de la modernidad. Su fama llegaría pronto a todos los rincones del país, lo que hizo que el gobierno mirara con buenos ojos la construcción del tendido ferroviario entre Valparaíso y Santiago, y de allí al sur”.

 

En atención a lo indicado, en 1863, se inauguró el trecho entre la ciudad puerto y Santiago y para esos efectos hay que destacar la trascendencia de este acontecimiento que en descripción de Memoria Chilena relata que…“La inauguración oficial del ferrocarril de Valparaíso a Santiago se realizó el 14 de septiembre de 1863. Las principales autoridades del país salieron de Santiago y Valparaíso, a bordo de dos trenes prolijamente adornados. A mediodía, los trenes se encontraron en la ciudad de Llai-Llai, donde se efectuó la ceremonia de inauguración.

 

Muchos pueblos y villorrios cobraron vida con la llegada del ferrocarril; la humeante locomotora causó expectación entre los habitantes y nuevas actividades y oficios se desarrollaron en las nuevas estaciones”.

 

Queda pues en evidencia que los convoyes ferroviarios ingresaron a las fértiles tierras aconcagüinas hace largas décadas, tema que será materia a tratar en las próximas columnas acerca de este trascendente adelanto tecnológico que revoluciono en su tiempo, al nobel país.

LA OBSERVACIÓN EN LA VALORACIÓN PATRIMONIAL.

La carencia que demuestran muchos registros de recursos patrimoniales no se encuentra necesariamente en la descripción de estos, sino en la identificación de los mismos, lo cual en muchas circunstancias provoca errores de apreciación en aquellos que valoran las pertenencias de propiedad individual o colectiva. En este sentido, no todo lo que se juzga o cree como patrimonial lo es, de ahí la necesidad de establecer correctamente los procedimientos esenciales para la identificación y puesta en ese de lo tangible e intangible que se ubica o practica en una comunidad y su territorio.

El Patrimonio, es considerado según sus múltiples acepciones como un legado que resulta de la apropiación y modificación realizada por el hombre, proceso que concibe la domesticación de una fracción espacial dentro de la cual se establecen lazos y relaciones de diversa índole que en su interacción dan paso a una adaptación o domesticación útil para los fines de una comunidad, construyendo con esa plataforma de códigos un Paisaje. En este sentido, los ocupantes de ese constructo van desarrollando actividades que funcionalizan y lo caracterizan de manera que las diversas manifestaciones de uso y prestación conciben una jerarquía que establece de acuerdo a su rol y trascendido un área de influencia en el entorno con diferentes grados de importancia que dan paso a una gradación de horizontes que consignan en el impacto del paisaje un rol.

 

De acuerdo a lo indicado la Comunidad, que puede ser entendida como una agrupación de personas que motivadas por intereses colectivos o particulares se constituye como el argumento de cambio y modificación de su ambiente, el cual expresa en los deseos colectivos una perfilación con ribetes propios lo que le otorga una identificación especifica dentro del concierto paisajístico y ,por lo mismo, una caracterización cuyos componentes de Pertenencia pudiesen ser valorados como aspectos patrimoniales.

 

Queda en evidencia que el Hombre, ya sea en su corporativo o en el individualismo, operativiza y adapta el espacio a su necesidades surgiendo con esto un estrato de relaciones que van tejiendo una corporeidad que va siendo heredada, cimentando de esa manera la Memoria de los residentes, quienes evocan el pretérito y recuerdan sus características, las cuales serán valiosas ya que surgen de distintas Percepciones, ya sea de los testigos directos, o bien, son transmisiones de descendientes que guardan con respeto los registros orales o visuales que les fueron confiados. En este aspecto, es invaluable contar con este significado, ya que por la variedad de sus vivencias revela lo complejo de reconstruir un pasado, más si es esencia social, ya que lo tangible por lo general deja rasgos que posibilitan de alguna manera rediseñar su imagen, por cuanto, pueden establecerse parámetros comparativos con sectores aledaños, o aquellos que dieron origen a un determinado estilo, y de esa manera se puede articular las particularidades de un momento histórico.

 

Pues bien, para llevar a efecto el reconocimiento de los antecedentes de una realidad que pudiese ser valuados como signatarios de un concierto patrimonial es inevitable la Observación, proceso mental en que en conocimiento de una variada casuística y la expertiz del indagador seleccione dentro de la mixtura panorámica aquellas perspectivas que reúnen los atributos, de manera que este sesgo de la imagen perfile una plataforma de recursos tangibles o intangibles dignos de ser considerados con significación patrimonial. Es evidente que este aspecto generará discrepancias con los habituales del sector en análisis porque para ellos todo o casi todo de su periferia o de su mundología tiene resonancia y acervo. Si bien, todos los aspectos son dignos de conservación y de ser integrados, sólo tendrán una perspectiva válida para los fines de establecer un legado los que han permanecido iguales, o que, a pesar de haber mutado, en su transferencia conservan la substancia del pasado.

 

Desarrollo del cuestionamiento

La realidad puede ser concebida como un estado del presente que afinca parte de su caracterización en lo ya vivido, por lo que puede derivarse que la proyección de una situación cualquiera sea ésta será depositaria de aspectos del pretérito y de los agregados contemporáneos, por lo que puede despenderse que el paisaje es un variación constante y de esas cambiantes ocurrencias el registro de las variables que las integran revelan estados progresivos de cambio, los cuales pueden mantener una vigencia, o bien trastocarse de manera de perder la particularidades y originalidades que las destacaban, proyectando una imagen confusa e imperceptible.

 

De lo indicado, sin duda que la mayor de las abstracciones del ser humano es la ciudad en la cual desde sus inicios se han verificado grandes transformaciones debida a las pulsaciones de la historia, que en sí han resultado de la influencia de hechos diversos, donde la mundialización y la globalización destacan ya que se pretende que la sociedad en su conjunto se homogenice en muchos aspectos llevando a una uniformidad que deslava o reconfigura los asentamientos, que dependiendo de su localización geográfica expuestas a riesgos que su ocurrencias pueden devastar completamente su imagen y simbolismo. Ejemplos como lo referenciado han sido los terremotos y maremotos recientes que prácticamente hicieron desaparecer poblados enteros, lo que se expreso en numerosas víctimas y daños severos en infraestructura y equipamiento, desastres que motivaron en muchos casos reubicaciones de localidades, o bien, derruir muchas construcciones en su interior, lo que altero indudablemente la matriz de relaciones interpersonales, rompiendo de súbito un rico capital social, que solo se puede rehacer cuando hay necesidades comunes que sobrepasan a provechos individuales y por lo mismo, el arraigo, la pertenencia y sentirse identificado con un medio, es un elemento vital para la revitalización del mismo.

 

Paralelo a esto la posmodernidad, ha promocionado espejismos de satisfacción en un modelo donde la magnitud de las intervenciones inmobiliarias ha desmantelado la orgánica citadina, trastocando el aliento de la convivencia diaria, propiciando a un individualismo que se grafica con viviendas cada vez mas restringidas en su tamaño, lo cuan ha desembocado en la reducción u porque no decirlo la eliminación básica de la sociedad, cual es la familia. No se puede negar que esto obedece al crecimiento desmedido desde el siglo XIX y hasta el presente de la población urbana ya sea por su propia generación o por la incorporación cada vez mas creciente de flujos de habitantes de las zonas rurales, quienes en su nuevo hábitat van dejando atrás su herencia, variando su patrón vivencial y de hábitos.

Expuesto esto queda en claro que los fundamentos patrimoniales se ven trastocados en su imagen, visión, trascendencia y otros aspectos por lo surge la necesidad urgente de poder hacer un catastro de estos para evitar que el demoledor ritmo de la actualidad los borre del imaginario colectivo y las voces de su resguardo sean opacadas o desoídas y finalmente el lamento se transforme en la excusa de no haber tomado las medidas de conservación. En este sentido, la Observación, es una medida esencial para promover y amplificar este movimiento en el que la preparación de las operativas siempre es más lenta que las variaciones propiciadas por el sistema imperante, de ahí la necesidad de promocionar instancias propias del rescate patrimonial para dar un mayor agregado y una sana convivencia con los propagadores del nuevos estilos, modo y calidad de vida.

 

No es dable oponerse a las innovaciones, muchas de las cuales fueron criticadas ácidamente por sus detractores, pero que con el reconocimiento posterior se han convertido en iconos o emblemas, siendo casos dignos de mencionar las Torres de Tajamar, la villas Frei y Portales, la remodelación San Borja de la ciudad de Santiago, lo cual se proyecta en regiones como lo son la población Márquez, casa central de la Universidad de Playa Ancha, el edificio de la escuela de Química y Farmacia de la universidad de Valparaíso, la Escuela Naval de Valparaíso, los edificios Viña del Mar, Montecarlo, la escuela de Biología Marina, la remodelación de la Quinta Claude y otros mas emplazados en Viña del Mar. A estos dignos representantes hay una contraposición de estilo que marcó con su presencia la grandiosidad institucional como lo es la iglesia Católica Apostólica Romana, que desde hace mas de cinco siglos revelo su primacía con magníficos y ostentosos templos que a pesar del proceso revolucionario de la Independencia y otras circunstancias sociales y naturales no han sufrido grandes deterioros y mantienen su vigencia y Eros por una acertada mantención y restauración que ha pesar del eclecticismo, otorga una valiosa muestra de otrora.

 

Como se aprecia los aspectos indicados no son elementales sin que no exista la Observación, la cual ayuda de sobremanera a la descripción, catastro y diagnostico de las etapas en las cuales se han registrado las debidas anotaciones que van desde el deambular por el mundo de diversos viajeros que dejaron plasmadas en crónicas sus reflexiones sobre lo visto, fuentes que son valiosos del momento de establecer análisis comparativos y de reinterpretación que son invaluables antecedentes para el Patrimonio y las operativas que se quisieran hacer en estos u otros inmuebles.

 

La tecnología actual con la digitalización de las observaciones permite revisar con gran asertividad el estado de una pieza y aplicar en ellas las medidas de conservación y preservación que van desde la Mantención, Restauración, Refuncionalización u otras que se quieran impulsar dependiendo de los fines que pretenda obtener. La observación es parte importante de la inspección de obras, porque de la indagación detallada surgen datos que van enriqueciendo, dependiendo del uso de los mismos la información sobre pieza en estudio. Asimismo, la vigilancia y reconocimiento pericial continuo permiten soslayar además desmitificar la autoria de la misma y poner en juicio crítico el alcance, la calidad, el significado, la significancia del objeto y más aún de la manifestación o admiración que él evoca en la gente.

El Patrimonio, no necesariamente es todo lo que es posible de mirar ya que por la complejidad de los elementos y las conexiones habidas entre ellos se compilan en estadios que rápidamente se van alterando de acuerdo con las intromisiones, absorciones y dominancias que la cultura va imponiendo, por lo que es dable esperar que nada es inmutable a estas situaciones. Sin embargo, prevalen en la memoria aquellos hechos que por sus alcances logran permanecer casi incólumes y por lo que se desprende de su subsistencia que han resistido varias situaciones comienzan a ser parte del activo de la comunidad que se refleja en ellos de diversas maneras.

 

Para poder establecer la debida individualización de las señas que se presentan hay que tener la capacidad para poder poner en escena aquellos aspectos que resultan ser valiosos y por lo mismo que puedan ser considerados recursos patrimoniales, cuyo uso alcanza diversos aspectos siendo quizás en la actualidad el promotor de servicios turísticos de intereses especiales, lo cual tiene un positivo si hay una planificación adecuada en el desarrollo local, abriendo de esta manera nuevas oportunidades para aquellas comunidades que tienen desde antaño un estilo de vida que por las características del mismo son objeto de estudio, o bien, modelos a seguir en pro de mejorar otras realidades con diversos grados de pauperización.

 

La Observación, es un método esencial para poder materializar y plasmar una base de datos válida al momento de tomar decisiones que impactaran en alguna manera a la comunidad de allí que su aplicación debe estar en la primera fase de los procedimientos y luego en aquellas que involucren intervenciones. Claro está que la Observación debe en la medida de lo posible ser lo más objetiva posible, ya que de esa manera se evitan decisiones influenciadas por posturas ideológicas o de otra índole y que, por lo mismo, segregarían los intereses, anhelos y necesidades comunitarias, instancias donde prima una la solución que implique compartir los beneficios de manera equitativa.

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